Hoy descubrimos… Dobble

Vamos a ver. Primero de todo, quiero dejar claro que yo juego para divertirme. Que evidentemente, unas veces se gana, y otras se pierde. Que a veces el azar puede marcar la diferencia entre ser el vencedor en una partida, o quedar a las puertas de la gloria. Que otras veces es un despiste el que el marca esa diferencia. Pero luego hay otro tipo de juegos en los que no tengo nada que hacer. Soy malo. Si, lo reconozco, soy muy malo. Pero no por ello deja de divertirme. Es más, me divierte incluso el hecho de ver las caras de los otros jugadores viendo como me humillo yo solo. Y uno de los exponentes de ese tipo de juego es el que proponemos hoy. Así que hoy descubrimos… Dobble.

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Sabéis que ahora es cuando yo pongo la frase tan famosa de “veamos que nos trae la caja de este título”, pero en este caso va a ser casi innecesario:

  • 55 cartas

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Si, como lo veis. Este es el contenido de la caja metálica redonda (que por otro lado me parece una maravilla lo bien que cierra y lo poco que ocupa en espacio en mi ludoteca), y quizá por esta sencillez de juego, me parece aún más insultante lo realmente malo que puedo llegar a ser porque… bueno, dejaremos esta explicación para el final de la reseña. no nos adelantemos.

La mecánica del juego es muy sencilla. Las cartas tienen diferentes imágenes de mayor o menor tamaño, pero siempre hay una imagen que se repite. La gracia de este juego es ser el primero en descubrir cuál es. Si, básicamente esta es la filosofía de Dobble, y por eso me da más vergüenza ser como soy…

Bajo esta premisa, se pueden inventar infinidad de juegos, pero la propia caja nos propone cinco en concreto para que los empecemos a jugar rápidamente.

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LA TORRE INFERNAL: se reparte una carta bocabajo a cada jugador y se pone el resto formando una torre en el centro de la mesa. A la de tres, todos los jugadores le dan la vuelta a su carta, y el primer jugador en nombrar el objeto coincidente, gana esa carta. El juego acaba cuando se acaba la torre central, y gana el jugador que más cartas tenga en su haber.

EL FOSO: es el contrario del juego anterior. Se reparten equitativamente las cartas bocaabajo entre todos los jugadores, y la última se pone en el centro. A la de 3 se da la vuelta a la carta inicial de cada mazo, y el primer jugador en descubrir el objeto coincidente, la pondrá en “el foso” central, siendo ahora esta carta la que habrá que comparar con la siguiente de nuestro mazo. Gana quién antes se descarte.

LA PATATA CALIENTE: cada jugador recibe una carta bocaabajo, y a la de tres, todos le dan la vuelta. La misión es encontrar aquel jugador cuya carta tenga un objeto coincidente con la nuestra. Una vez lo encontramos, lo nombramos en alto y le damos la carta. Puede ser que a nosotros ya nos hayan dado alguna carta, así que en ese caso, le daremos todas las que tengamos. Pierde el jugador que se las lleve todas.

A POR TODAS: se coloca una carta central y alrededor de ésta, tantas cartas bocaabajo como jugadores haya. a la de tres, se les da la vuelta, y todos los jugadores buscarán en todas las cartas un objeto coincidente con la carta central. El primero que encuentre uno, lo nombra en alto y se queda la carta. Puede seguir jugando mientras queden cartas alrededor de la central. Cuando se han agotado, se coloca otra carta central, más alrededor, y vuelta a empezar. Se acaba el juego cuando ya no quedan cartas y gana el jugador que haya conseguido más cartas.

EL REGALO ENVENENADO: se reparte una carta a cada jugador bocabajo, y el resto se pone en una pila en el centro. A la de tres todos le dan la vuelta a su carta y se trata de buscar un objeto coincidente entre la carta central y la otro jugador. Cuando se descubre, se nombra el objeto en alto y se le da a ese jugador. El juego termina cuando todas las cartas de la pila central se han acabado, y gana el jugador cuya pila personal sea menor.

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Opinión del juego:

La verdad es que es un party muy divertido en el que se descubrirá quién es bueno en reflejos y quién no. y ahí es donde entra mi valoración acerca de mi calidad personal en este tipo de juegos. Soy malo. muy malo. Pero no malo de ganar pocas partidas, no. Malo malo de no ganar ni una. Y eso precisamente es utilizado entre mi grupo de juego para burlarse de mí, Humillarme lo más que puedan, y una vez ya me han dejado tirado, entonces empiezan a competir entre ellos. Así que yo acabo disfrutando haciendo de juez entre unos y otros.

Lo que no quiere decir que el juego no sea divertido para mi. Lo bueno que tiene este juego es que se puede jugar con grandes y pequeños. Para grandes servirá para echar un rato de risas, y para los más pequeños servirá para que desarrollen sus reflejos. Es lo bueno, que al ser familiar, se pueden mezclar edades diferentes y puede que nos llevemos más de una sorpresa con algún que otro jugador de poca edad.

Nos vemos en la próxima.

 

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